Copito
Esta intervención toma como protagonista a Copito de Nieve, una de las figuras más reconocibles de la memoria colectiva de Barcelona. El único gorila albino conocido en el mundo vivió durante décadas en el Zoo de la ciudad y terminó convirtiéndose en un símbolo de identidad barcelonesa, asociado a la infancia, la singularidad y el orgullo local.
Sin embargo, en esta obra, Copito aparece en una actitud muy distinta a la imagen amable con la que suele ser recordado. Sentado en el suelo, con una postura encogida y vulnerable, se cubre los ojos con una mano. No mira. No quiere mirar. El gesto remite inevitablemente a la negación, al cansancio o a la incapacidad de reconocer aquello en lo que se ha convertido el entorno que una vez sintió como propio.
La pieza surge como una reflexión sobre la transformación que ha experimentado Barcelona en las últimas décadas y, especialmente, sobre el impacto que la presión turística y la gentrificación han tenido en barrios históricos como el Born. La ciudad continúa siendo hermosa y admirada, pero cada vez son más quienes sienten que determinados espacios han dejado de pertenecer a quienes los habitan para convertirse en escenarios destinados al consumo rápido y al visitante de paso.
La elección de Copito de Nieve refuerza esa contradicción. Un icono profundamente ligado a la identidad de Barcelona es representado evitando contemplar la realidad que le rodea. La obra plantea una pregunta abierta: ¿qué ocurre cuando quienes simbolizan la memoria de una ciudad ya no reconocen la ciudad que tienen delante?
A nivel cromático, la composición se construye desde la sobriedad. El blanco del cuerpo de Copito destaca sobre los tonos ocres, piedra y tierras envejecidas de la arquitectura del Born. La paleta remite a la propia materialidad del barrio: fachadas desgastadas, muros antiguos y huellas del paso del tiempo. Frente a ese contexto, los tonos rosados de la piel aportan fragilidad y humanidad a la figura, alejándola de cualquier representación heroica.
La ubicación también forma parte esencial de la obra. Situado a ras de suelo y de dimensiones reducidas en comparación con la fachada que lo enmarca, Copito parece pequeño e indefenso ante la ciudad que lo rodea. La arquitectura del entorno actúa casi como un escenario silencioso que amplifica el sentimiento de aislamiento y desorientación.
En conjunto, la intervención no pretende ofrecer respuestas cerradas ni emitir un juicio definitivo sobre Barcelona. Más bien invita a detenerse, observar y preguntarse.